Salí al exterior en aquella jornada de la temporada
fría. El cielo, cubierto, amenazaba tormenta. Me recogió el transporte y me
dirigí a mi puesto. Aún sentía su aliento sobre mi rostro. Los alimentos ingeridos horas antes se
reproducían en mi mente en una extraña y excitante combinación de vapores. Desperté
embriagado de ese aroma y ahora me lo llevaba conmigo. Cuando vuelva, pensé, espero encontrarlo de nuevo.
El rostro
de mi compañero, inevitablemente, apareció ante mí.
- Tenemos la máquina en posición de espera...
- De acuerdo, tramito el código.
Busqué
entre mis ropas un pedazo de alimento y me lo llevé a la boca. Mastiqué
mientras introducía maquinalmente la serie de dígitos establecida. El proceso
se restableció de inmediato y el espacio se llenó de vibraciones y ruidos. En
el exterior ya repiqueteaba la lluvia sobre el suelo.
Recogí mi
paquete y realicé, en otro vehículo, el trayecto de regreso. Tras de mí el
aviso ululaba aguda y poderosamente, ocultando los ruidos del proceso y
enmudeciendo el sonido de la lluvia. Ya en el interior, dejé caer el bulto al
suelo mientras comprobaba apensumbrado la ausencia de vida a mi alrededor. Me
tumbé pesadamente mientras recordaba que mis porciones alimenticias seguían
empaquetadas sobre el suelo.
Desperté
sobresaltado, empapado en sudor y con un fuerte dolor en el vientre. Aún no me
había repuesto de la última punzada, cuando entreví, a escasa distancia del
paquete de provisiones, una sombra informe de considerables dimensiones. Precavido
y emocionado me acerqué lo suficiente para percatarme de que se trataba de un
cuerpo desnudo. Era él con un gran corte
en el cuello. Dejando tras de mí huellas ensangrentadas, avisé para dar noticia
del hallazgo.
Estaba
defecando cuando irrumpieron los de la brigada. Eran cuatro personas y una de
ellas, al verme, se adelantó hacia mí.
- Una vez terminé mi jornada vine a descansar un
poco y al despertar descubrí el cuerpo, acerté a decir antes de esperar a ser
interrogado.
- ¿Está todo tal y como lo dejó?
- Sí, incluso el paquete de porciones alimentarias
sigue en el mismo sitio donde lo dejé caer...
- De acuerdo, lo mantendremos informado.
Mientras
atendía a mi interlocutor, no me percaté que dos de los individuos de la
brigada se habían acercado al cadáver y que lo estaban observando.
- Tiene
seccionada la yugular, comentó uno de ellos.
- ¿Nos lo
llevamos?, preguntó el otro sin dirigirse a nadie en concreto.
Sin más,
el primero hizo ademán de asir el cuerpo por las axilas, a lo que el otro
reaccionó cogiéndolo por los pies. Sacaron el cuerpo al exterior y lo cargaron
en el transporte. Acto seguido se marcharon.
Terminé
con mi dolor de vientre y me dirigí al paquete para ingerir una porción de
líquidos que calmara mi reseca garganta. Observé de nuevo, casi como si fuera
la primera vez, la mancha oscura sobre el piso y me perdí en la contemplación
de mis huellas. Recuperado mi equilibrio físico, acabé de vaciar la caja de
provisiones y me senté a meditar sobre lo sucedido.
En plena
jornada –justo cuando estaba introduciendo lo dígitos- me asaltó la imagen del
cuerpo sin vida, inerte. Consideré extraño el no haber caído en la cuenta de su
presencia al entrar. En estas cavilaciones andaba cuando la alarma me confirmó
el éxito de mis operaciones.
Una vez
de regreso y animado por la idea de descansar un poco, me sobresalté al
comprobar que el cadáver estaba, de nuevo, en el interior. Tardé en reaccionar
hasta que decidí dar parte del suceso. Esta vez la comunicación fue más prolongada:
-
Efectivamente, no hemos encontrado referencias del finado y lo hemos dejado
donde lo encontramos.
- Bien...
pero... ¿Qué hago yo con esto?, pregunté acomplejado.
- Debe
mantenerlo en el mismo lugar donde está, pues es probable que vuelvan las
brigadas para hacer más comprobaciones, me contestó mecánicamente.
No tenía
experiencia en casos similares, así que opté por no tocar nada. Esta vez el
descanso fue menos reparador, por lo que decidí ingerir una ración doble de
líquidos. De nuevo en mi turno, me atreví a comentarle a mi compañero lo
sucedido.
- Tenemos la máquina en posición de espera...
- Esto... ¿te puedo hacer una pregunta?
- Sí... dime ¿qué quieres?
- Tengo un cadáver y no sé qué hacer con él..., le
respondí tímidamente.
- ¿Diste aviso?, preguntó con decisión.
- Sí, fue lo primero que hice. El caso es que se lo
llevaron y, al no encontrar referencias, me lo han traído de vuelta.
- Envuélvelo con lo que puedas y procura no tocarlo
mucho, es posible que vuelvan para seguir indagando.
- Eso dijeron... ¿Envolverlo?
- Piensa que un muerto huele muy mal al
descomponerse. Si no lo haces no podrás entrar a descansar. Tú verás.
Salí al
exterior en aquella jornada de la temporada fría. El cielo, cubierto, amenazaba
tormenta.
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