Que el reloj
repite la misma hora todo el tiempo. Todo el tiempo.
Hay veces
que se nos agotan las piernas sin haber andado un solo paso.
Que nos
secuestra el silencio sin atinar a romper sus cadenas de seda.
Que llueve
sobre el desierto y nacen edenes sobre la arenas de fuego.
Que abrimos
los brazos y nos nacen alas; porque podemos volar.
Que cerramos
los ojos y vemos; porque nos guían las pupilas del alma.
Porque tu
sonrisa me doblega, tus ojos me ciegan, tu pecho me abarca.
Hay veces
que lo entendemos todo. Sin saber nada.
A Ester.
A Ester.