He
comprobado que las pipas de calabaza llevan huevas de insectos en su interior.
Sí, suena terrible.
El
experimento lo realicé tras dos años de dejar olvidada y medio consumida una
bolsa de dichas semillas.
El
descubrimiento aconteció hoy mismo, mientras estaba limpiando la despensa y
desechando productos sobradamente caducados. El caso de las pipas era el más
espectacular: ¡más de dos años caducadas! Comprobé que el cierre que le había
aplicado tiempo atrás era de lo más hermético, pues consistía en una pinza que
abrazaba totalmente la bolsa por su parte superior, impidiendo la entrada y/o
salida de pipas hogareñas o fugitivas, respectivamente.
El
descubrimiento, ya lo diré, ha consistido en encontrar en forma de cadáver a
varios individuos que cualquier parroquiano calificaría de “bichos”, pues eran
diminutos y disponían de alas y enclenques patitas.
Como,
según mi teoría, no había acceso al exterior gracias a la pinza, concluyo que
las huevas ya existían en el interior de la bolsa el día que compré las pipas
como frescas, sanas y deliciosas. Los días de prolongado reposo y las
condiciones de temperatura y humedad que predominan en mi casa sin yo pretenderlo,
hicieron que las huevas eclosionaran para dar a luz a los bichos mencionados,
falleciendo, eso sí, al tiempo, pues el propio hermetismo de la pinza, también
mencionada, evitó la entrada de oxígeno que, por muy pequeños que sean, también
necesitan los insectos para sobrevivir.