domingo, 29 de abril de 2012

Arena seca

Podríamos condenar palabras, ideas, recién escritas y posponer conclusiones para siempre. También podríamos acompasar latidos desordenados y, cómo no, girar la mirada a otra parte.

Podríamos despertar, dormidos, ensoñaciones de vigilia y seguir ebrios de sobriedad. O, acaso, morirnos en el empeño de seguir muriendo.

También podríamos irnos a la mierda y pretender no mancharnos.

Sería como lloverse el espíritu con arena seca y sangrar lluvia tibia por entre los labios de la mentira.

A Elisabeth.