Podríamos despertar,
dormidos, ensoñaciones de vigilia y seguir ebrios de sobriedad. O, acaso,
morirnos en el empeño de seguir muriendo.
También podríamos irnos a la mierda y
pretender no mancharnos.
Sería como lloverse el espíritu con arena
seca y sangrar lluvia tibia por entre los labios de la mentira.
A Elisabeth.
A Elisabeth.