sábado, 15 de diciembre de 2012

Papel de fumar

     Desde mi jubilación que sólo pienso en salir de casa con cualquier pretexto para poder fumar unos cigarrillos y tomar una copa de coñac. Mi mujer no ve con buenos ojos mis vicios, después de más de cuarenta años practicándolos a su lado. Pero ahora estoy en una cárcel que lejos de aligerar mi condena por los años cumplidos, la endurece. A menudo pienso en lo bien que estaría solo: me levantaría tarde, me encendería un cigarrillo, tomaría mi café con leche con galletas, me fumaría otro cigarrillo, haría mis necesidades fumando un cigarrillo, me ducharía, me encendería otro cigarrillo, me vestiría y saldría a pasear por la calles y disfrutar del sol, del tabaco y de la mujeres guapas. Tal vez, para mantener la casa limpia y las camisas planchadas, debería contratar a una chica de hacer faenas. Me la imagino guapa, joven, exuberante y sudamericana. También me imagino que mi carácter de hombre maduro y sabio, sería suficiente como para tener un affaire con ella.
     Recuerdo que cuando era un adolescente tenía sensaciones parecidas –me refiero a la idea de libertad al vivir solo, no a la sudamericana-. En aquel tiempo eras mis padres los que ejercían de carceleros pero, todo y eso, rememoro con agrado aquellos tiempos. Era ilusionante salir a la calle con cuatro perras y fumar y beber a escondidas. Era, como mínimo, lo bastante estimulante como para salir a deambular por las calles, hiciera frío o calor, llevara o no calcetines o pudieran mis zapatos protegerme de las piedras del camino. También recuerdo lo agradable que era fumar aquellos cigarrillos de picadura mal liados y tomar aquel anís barato y fuerte. Nunca recuperé esos sabores intensos, a pesar de que a cada nuevo cigarrillo extraído de la cajetilla la promesa era esa. Que a cada nuevo trago, las perspectivas eran las sensaciones de entonces. Creo que me quedé con una promesa que se ha ido incumpliendo, poco a poco, a lo largo de los años. En cualquier caso, sigue levantándome cada mañana para salir a la calle. Para seguir viviendo.