viernes, 3 de octubre de 2008

A mi padre

     Hoy es 3 de octubre de 2008 y son las 8 de la noche.
     
     Esto lo escribo a los pies de la cama donde lucha mi padre. Gestos de inquietud y un silencio que sólo rompe una pequeña radio. Una radio desde donde salen palabras que nadie escucha, porque nada importa lo que digan.
     Sólo importa la atmósfera que nos envuelve y que compartimos los dos.

     En mi divagar errante, se me antoja posible conservar la vida con la energía que brota de mis poros. Una energía que se intercambia y fluye como un río que baña los campos a su paso.

     No quiero escribir la agonía ni el llanto; quiero escribir palabras que dibujen una fresca brisa o el rumor de las olas al romper.
     No quiero quedarme con el dolor, el mío, pero quisiera robarte el tuyo para aligerar tu cuerpo y liberar tu espíritu.

     Cuando descanses, al fin para siempre, te deberemos el tiempo de recuerdo y ternura que nos conceda la vida. Y los que nos sobrevivan, heredaran las palabras de amor que sobre ti dedicamos.

     Gracias padre.

     Te queremos. Siempre.


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